ENTUSIASMAR(TE) en 14 claves

«Más importante que la felicidad es mantener un constante entusiasmo. Por eso los griegos antiguos empleaban la palabra “enthousiasmós” (ἐνθουσιασμός) para referirse a quien estaba poseído por los dioses: la felicidad no es un estado, sino una actividad (έργων) que se construye.»

Reflexión de Carlos Javier González Serrano (@Aspirar_al_uno)

¿Sabíais que en contraste con las demás emociones, la felicidad es la única que activa prácticamente todo el cuerpo, dando la sensación de plenitud?

En un reciente estudio de Nummenmaa, Glerean, Hari y Hietanen del 2013 se pidió a 701 participantes de diversas nacionalidades que señalaran en un dibujo de una figura humana las zonas del cuerpo que se activaban al sentir determinado estado emocional y en otra figura, las zonas en que sentían menos activación, mediante un código de colores, a ser: colores cálidos como activación y fríos como desactivación.

Para ello les presentaron palabras, historias, películas y expresiones faciales que representaban 6 emociones básicas o primarias (enojo, miedo, asco, felicidad, tristeza y sorpresa) y 7 secundarias o complejas (ansiedad, amor, depresión, desprecio, orgullo, vergüenza y envidia). Con los resultados obtenidos se elaboró el siguiente «Mapa corporal de emociones»:

¿Os suena, verdad? Esta imagen, además, da que plantearse muchas preguntas. Entre otras, ¿Qué es esto de la felicidad?, ¿acaso se puede aprender a ser feliz?, ¿de qué manera? Junto a la referencia que facilita Divulgación Dinámica Formación (2016) sobre Intervención educativa en Inteligencia Emocional, vamos a tratar de responderlas.

Es interesante tener en cuenta que el concepto de felicidad está directamente relacionado con el constructo de bienestar subjetivo. Es más, desde la educación emocional se opta por su conceptualización en términos de satisfacción vital, entendiéndose como el grado en que una persona valora favorablemente y de forma totalmente subjetiva la calidad global de su vida. En la valoración del bienestar subjetivo encontramos en interacción factores internos, como pueden ser las expectativas y aspiraciones, la capacidad de adaptación y los valores personales, con circunstancias externas.

Entonces, el reto de la educación emocional para el bienestar subjetivo está en no dejarse influenciar excesivamente por los condicionantes externos y poder adoptar estrategias para hacerles frente. Así, lejos de dejarnos llevar por el pesimismo, la impotencia, la indiferencia o el estrés, es preciso aprender a gozar de un bienestar subjetivo. Pero, ¿cómo?

Este no es un reto sencillo, ni se dispone de reglas fijas y universales para lograrlo. Por supuesto que es posible aprender a ser feliz, siempre y cuando no olvidemos que no existe un modelo ideal ni idéntico de bienestar personal y que cada ser humano es feliz de una manera particular y única. Pese a estas diferenciaciones sí existen programas de desarrollo que favorecen la adquisición y/o dominio de algunas de las cualidades o elementos personales que contribuyen a mejorar el bienestar subjetivo. ¿Descubrimos alguno de ellos?

(a) El primer programa para enseñar felicidad se lo debemos a Fordyce (1997 y 2000) quien, partiendo de investigaciones y lecturas sobre la documentación científica identificó 14 rasgos asociados a la felicidad. Su propuesta se basa en un principio muy sencillo: «si uno puede ser como es la gente feliz, podrá también ser feliz

Analizando a las personas que subjetivamente se consideran felices, los 14 rasgos que compendia su programa de la felicidad son:

(b) Otra propuesta es la de Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de California, que presenta su programa en base a un decálogo para una vida plena:

  • 1. Manifestar gratitud. Para ser feliz es necesario valorar lo que se tiene y agradecer lo que se tiene permite gozar de las experiencias positivas y evitar las quejas. Un pequeño ejercicio para introducir el hábito del agradecimiento consiste en introducir la siguiente rutina: antes de dormir, revisar tres cosas buenas que nos han sucedido durante el día.
  • 2. Cultivar el optimismo. Lyubomirsky propone una actividad llamada «el diario del mejor yo posible», que consiste en visualizar y escribir sobre cómo nos gustaría ser en un futuro (no referido a aspectos materiales sino comportamientos o actitudes que nos gustaría desarrollar).
  • 3. Evitar las comparaciones sociales. El compararnos con el resto es un poso seguro de infelicidad. El reto consiste en convertirnos en la mejor expresión de nosotros mismos, más allá de lo que hagan otros. Para eliminar las comparaciones podemos acudir a ideas positivas sobre nosotros mismos, recuerdos o visualizaciones, en cuanto nos asalte la comparación.
  • 4. Ser amable. Los estudios de Seligman señalan que ser generosos y atentos con los demás permite registrar un incremento de la felicidad considerable.
  • 5. Cuidar las relaciones sociales. Dedicar tiempo a comunicarse, manifestar apoyo y lealtad son algunas de las actividades que han demostrado eficacia para incrementar los niveles de felicidad.
  • 6. Desarrollar estrategias de afrontamiento. Afrontar es tener en cuenta que siempre habrá dolor o estrés ya que siempre habrá acontecimientos negativos. Negar esta realidad solo produce conflictos y por eso, es recomendable buscar canales para expresar nuestro dolor y, de esta manera, afrontarlo de forma positiva. Las técnicas de afrontamiento son diversas y particulares a cada individuo: desde una buena conversación a cualquier expresión artística, como la escritura o la pintura.
  • 7. Aprender a perdonar. Las personas que perdonan manifiestan una disminución de sus emociones negativas y un aumento de su autoestima y su esperanza. Lyubomirsky presenta varios ejercicios para aprender a perdonar, como por ejemplo escribir una carta de disculpas o visualizar la situación de perdón.
  • 8. Disfrutar. Se define el disfrute como los pensamientos o comportamientos que son capaces de generar, intensificar y prolongar el placer. Actividades como celebrar un éxito por pequeño que sea y rememorar experiencias exitosas junto con familiares o amigos, entre otros.
  • 9. Compromiso. El compromiso con uno mismo y la adecuada identificación de los objetivos personales se relaciona directamente con el grado de satisfacción personal y autoestima.
  • 10. Cuidar el cuerpo. La meditación, la actividad física, la higiene y una buena alimentación son hábitos que nos ayudan a sentirnos mejor.

Muchas gracias por llegar hasta aquí, ¿qué te ha parecido el artículo? ¡Puedes dejar tu opinión en los comentarios!

Por: Ana Delia Romeo Bonet

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